Por Joselo Montes

junio 14, 2023

Soy peregrino. Vengo de familia peregrina. Caminé junto al grupo de las mujeres “peregrinas de pie al Tepeyac” cuando tenía 12 años. Me fui con mi tía Coco, hermana mayor de mi madre. Rosa Ferro era la líder del grupo de San José Iturbide, Guanajuato. Caminé frente al convoy junto a Rufis, que llevaba el estandarte con el número 38. Había más de 250 grupos de todas las partes del país, la mayoría del Bajío. Hicimos una semana caminando para llegar a la Basílica de la ciudad de México. Cuando llegábamos a algún punto intermedio, nos bañábamos y nos preparábamos para la jornada del día siguiente. Si no había regaderas en el pueblo, mi tía me bañaba con alcohol del 96 y algodón y después me daba una copita de anís “para que descanses bien” me decía.

Mi familia me enseñó a caminar hacia el encuentro con algo. Caminar en busca de algo. Caminar en la penumbra cuando la oscuridad es total. Caminar en soledad. Saber acompañarnos.
Hemos caminado desde San José Iturbide hasta Pozos todas las madrugadas del jueves santo desde hace más de 25 años. El señor de los trabajos es el santo patrono del pueblo. Si tienes problemas de trabajo, es a él a quien debes encomendarte. Hace milagros. De San José a Pozos son 28 km. Son de 7 a 9 horas caminando dependiendo los descansos que hagas. Van primas, tíos, familiares y amistades. La salida es a las 2 de la mañana.

Cuento esto porque hace 5 años empecé un camino con esta librería que se siente mucho a una peregrinación. Un camino hacia algo. También ha sido una barricada y un sueño absurdo que trato de apresar como una luciérnaga imposible. En este peregrinaje existe también una fe descomunal.

A lo largo de estos 5 años han existido momentos de desánimo y futilidad, pero a veces lo único que puedes hacer es seguir caminando, ir dando pasos a tientas hasta encontrar algo. Caminar en busca de un destello. Caminar en las tinieblas. Un peregrino debe saber habitar las luces y las sombras para poder avanzar. Hay que aprender a ver y leer el mundo bajo una luz invisible si queremos seguir caminando.

Cuando entrevistaron a Jorge Carrión y le preguntaron cuál era el futuro de las librerías, contestó “las librerías que tienen más posibilidad de sobrevivir a largo plazo son las que diseñen experiencias intelectuales y también emocionales. Una de las grandes amenazas de las ciudades es la economía de la soledad. En este contexto, las librerías se han convertido en espacios de encuentro, de contacto, de diálogo, de amistad y de relaciones personales en grupo. Creo que las librerías que apuesten por experiencias intelectuales y emocionales, y que permitan que las personas con intereses compartidos se conozcan, se acompañen y se quieran, son las que tienen más futuro.”

Felices 5 años

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Sobre lx autorx

José Luis Montes Álvarez (1986) es psicólogo clínico y periodista por la Universidad Autónoma de Querétaro, ganador del estímulo a la creación y desarrollo artístico PECDA Querétaro con el proyecto “Biblioteca Submarino” en 2018, editor del proyecto editorial “Comuna Literaria”. Actualmente es librero de la librería submarino y gestor cultural de la casa de la contracultura.

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