Por Martín García López

mayo 4, 2023

Leonora Post Punk, como su nombre lo dice, es un grupo influenciado por el punk clásico, que busca expresar el romanticismo gótico en sus letras, llenas de coros palpitantes y listos para sacudir el alma de quien los escuche.

El proyecto nació en Los Mochis, Sinaloa, durante la pandemia de la COVID-19, y la convocatoria que tuvieron en la Central de Cultura Compartida en Querétaro, muestra que el encierro logró congregar nuevamente a los fans quienes, apenas tuvieron la oportunidad, formaron una multitud llena de ruido y punk. Esta es la segunda vez que esta agrupación viene a Querétaro, en este caso, como parte de una gira que comprende otras ciudades como Puebla, Guadalajara, Pachuca, CDMX y Toluca, el corazón del país, trayendo gozo sus fans, jóvenes entre 18 y 25 años vestidos de negro y con estoperoles, como si estuviéramos en el Manchester de los setenta.

El concierto inició con la apertura de Red Witch, una dj que lanzó conjuros con música electrónica, permitiéndose ser la hechicera del centro de la noche, mientras que, sobre su tornamesa, movía las manos bajo una luz neón púrpura que hacía que todos bailaran, sobre su mismo sitio, moviendo el cuerpo de un extremo a otro como un metrónomo.

El segundo en aparecer fue Jorge Sánchez, él dijo que el set, también de música electrónica, estaba hecho principalmente para Leonora Post Punk, creando una cadena de sucesos, entre su música y la melancolía de la banda. A diferencia de Red Witch, Jorge cantó en inglés durante varias de sus mezclas, incitando el baile, en donde los espectadores empezaron a moverse de un lado a otro, al fin despegando sus pies.

Cuando Leonora Post Punk subió al escenario, cambió la luz, todo se iluminó para enfocar, en esos rostros maquillados, el agradecimiento que sentían de estar nuevamente en Querétaro. Abrieron el concierto con su canción “Bailo” y ahora sí, los punks bailaron, de un lado otro, fumando y tomando sus cervezas mientras saltaban y coreaban al mismo tiempo que el vocalista. La aflicción de ser vulnerable, de entregarse un momento al humo y al alcohol.

La guitarra de Leonora Post Punk transmitía una electricidad que se movía entre los miembros de la banda quienes, en privado antes del concierto, me confesaron que aún no se la creían que hubiera fans que estaba ahí para escucharlos y que se sentían reflejados por su música y que se formaban para tomarse fotos con ellos. Y así el bajo de la banda hacía que nuestros corazones se sincronizaran en un solo sonido, la música.

Personalmente, mi momento favorito fue cuando Leonora Post Punk tocó un cover de Juan Gabriel, Amor eterno, en el que transmitieron la pérdida convertida en nostalgia. También revelaron un nuevo tape, “Perro”, donde citaban que eran perros con cadenas invisibles. Y los punks que se reunieron en la Central de Cultura Compartida, se alegraron de las primicias de la banda, de ser parte de ese momento único que quedaría perfecto con su canción “Polvo” donde muestran lo efímero y trascendental. Su última canción fue “No te vayas”, que de forma irónica, decía: detente, te lo ruego, lo siento, lo siento, quédate, quédate. Solo para despedirse de Querétaro, mientras todos pedían otra más.

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Sobre lx autorx

(Querétaro, 1992) Narrador y poeta. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la categoría de cuento. Es autor de “X o este maldito gato” y “Bachelard aprendiendo a nadar”. También ha colaborado como reportero industrial para diversas publicaciones de la región Bajío.

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